El «Toro de Osborne» ante el Tribunal Supremo

El Toro de Osborne ante el Tribunal Supremo

Quedan ya pocas vallas publicitarias en las carreteras españolas dónde aparezca el imponente y vasto perfil de un toro de lidia irrumpiendo de repente en el horizonte. Esta marca, propiedad del grupo Osborne, cuyo denominativo es “Toro”, junto con su característico perfil bien conocido, se ha visto envuelta en un litigio en materia de marcas que ha sido recientemente resuelto por la Sala Primera del Tribunal Supremo. El conflicto se suscitó por la similitud que presentan las marcas “Toro de Osborne» y “Badtoro”, de la empresa catalana Jordi Nogués SL, así como de sus respectivos signos distintivos gráficos. Osborne presentó una demanda de nulidad de la marca denominativa “Badtoro” porque consideró que su derecho era lesionado por la actividad comercial de “Badtoro”, al generar riesgo de confusión entre ambas marcas.

Aunque ese riesgo de confusión en los consumidores por la coexistencia de las dos marcas no se ha apreciado, llama la atención la peculiar argumentación utilizada por parte de la titular de la marca Badtoro. Nos referimos en concreto a  la alegación de la prohibición absoluta de registro contenida en el artículo 5.1 apartado i) de la Ley de Marcas (y- 7.i del Reglamento de Marcas de la Unión Europea). Esa prohibición de registro básicamente viene a denegar el registro de marcas que reproduzcan o imiten el escudo, la bandera, las condecoraciones y otros emblemas de España, Comunidades Autónomas, provincias o municipios u otras entidades locales. Se acepta como razonable que esté prohibido el uso de signos oficiales y representativos del Estado español, de tal manera que no puedan ser monopolizados por un agente del comercio para distinguir sus productos o servicios.

Sin embargo, unos de los razonamientos utilizados por Badtoro para sustentar su petición de anulación de la marca registrada “Toro” fue que en el momento de su registro tal signo constituía un auténtico símbolo o emblema de España y de especial interés público para el país. Tanto el Juzgado de lo Mercantil de Alicante como la Audiencia Provincial  desestimaron la pretensión de Badtoro, pero con la sentencia del Tribunal Supremo la cuestión queda confirmada: el «Toro de Osborne», sentenciaron, no constituye un símbolo oficial de España. El Tribunal Supremo rechazaba así la pretensión de Jordi Nogués, SL, y afirmaba que aunque el signo se represente junto con la bandera española en diversos eventos deportivos y públicos, no es ni ha sido nunca un símbolo o emblema oficial del Estado tal y como lo considera la Ley de Marcas o el Reglamento de marca de la Unión Europea.

El Tribunal Supremo aprovecha la ocasión para recordar a los desmemoriados que la tauromaquia, es decir, las corridas de toros, representan una tradición y constituyen un patrimonio cultural de todos los españoles (sorprendente cohabitación, forzada por lo demás, entre  cultura y tauromaquia). No obstante, ese valor “no supone, como pretende el recurrente, que el toro, en cuanto animal, haya pasado a ser un icono de nuestro país que haya vaciado de carácter distintivo a la denominación ‘toro’ y por lo tanto constituya un impedimento objetivo para su registro como marca”. Y repite, por si no había quedado claro el binomio cultura/tauromaquia, que lo que constituye patrimonio cultural de España es la tauromaquia, pero no el animal en sí mismo. El Tribunal Supremo desliga así el sentimiento de reivindicar “lo español” mediante el uso del toro, de lo que supone representar al Estado y a sus instituciones ante la comunidad internacional.

Por otro lado, el Tribunal Supremo nos advierte que ninguna ley autonómica puede “privar” a los españoles de disfrutar de ese evento, y cita al efecto su sentencia 177/2016, de 20 de octubre, con ocasión de la resolución de un recurso de inconstitucionalidad  en contra de una Ley del Parlament de Catalunya que prohibía las corridas de toros. El Supremo ya hizo entonces una serie de consideraciones al respecto como que «la tauromaquia tiene una indudable presencia en la realidad social de nuestro país» y que «las corridas de toros y espectáculos similares son una expresión más de carácter cultural» o que el Estado español «ha declarado formalmente la tauromaquia como patrimonio cultural». También se refiere a las corridas de toros como un «fenómeno histórico, cultural, social, artístico, económico y empresarial».

Sería ilógico que el Tribunal Supremo avalara esa pretensión de “Badtoro” por un simple uso social y no generalizado, sino utilizado por un pequeño sector de la población proclive a entusiasmarse con las corridas de toros. Pero puede generar confusión el hecho de que la tauromaquia, esa práctica — ¿de qué forma calificarla?— cómo poco atávica por no entrar en mayores honduras, sea protegida como patrimonio cultural de España y la representación del «Toro de Osborne», íntimamente ligada a ella, no se considere identificativa del país. Aunque la simbología del toro está íntimamente ligada a la tauromaquia, no puede considerarse nunca un símbolo oficial o de especial interés por el Estado y que por este motivo se excluya su libre utilización en el comercio.

Por Josep Magraner Llobera, abogado de Frau Advocats.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *