Sebastià Frau explica la acción de reclamación de filiación a partir de un caso concreto

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El consultorio jurídico del programa de IB3 Radio Al Dia, conducido por Sebastià Frau i Gaià, aborda la cuestión de la reclamación, por parte de un padre o madre o de un hijo/a, del derecho de filiación en el último programa de la temporada. Frau relata como se tramita esta facultad que otorga la ley al padre, madre o hijo para que se declare una relación familiar diferente a la que consta al registro civil o cuando tampoco consta nada en el mismo.

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La compensación económica al finalizar la convivencia

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Diversas comunidades autónomas legislaron en la pasada década sobre las parejas de hecho, a saber, aquellas uniones afectivas de dos personas que sin haber formalizado un vínculo conyugal mantienen una convivencia duradera. Entre otros particulares, esas legislaciones autonómicas incidieron en regular las situaciones de desigualdad o desequilibrio que se producen cuando la pareja entra en crisis y decide —o alguno de sus miembros decide— suspender la convivencia. Esas situaciones merecían, se decía, una compensación, de manera que el miembro afectado por la desigualdad patrimonial podía reclamar al copartícipe, si se cumplían determinados requisitos, una reparación económica.

Algunos tribunales no tardaron en aplicar también esa legislación a las uniones matrimoniales formalmente constituidas. Fue el caso de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de las Islas Baleares de 24 de marzo de 2010, que, por analogía (artículo 4.1 del Código Civil), trasladó a un matrimonio el supuesto legal de desequilibrio contemplado en la Ley de Parejas Estables. Para sustentar esa aplicación analógica la sentencia razonaba, en esencia, que el cónyuge separado o divorciado no podía recibir un trato discriminatorio en relación con un miembro de una pareja estable. Y que, finalmente, lo que valía para un supuesto jurídico también debía valer para el otro.

De cualquier forma, esa misma sentencia marca unas pautas precisas para que pueda nacer el derecho postulado a la compensación económica. La más notable de cuyas pautas es la existencia de un enriquecimiento injusto del cónyuge favorecido y el correlativo empobrecimiento del perjudicado. La clásica situación, en definitiva, del cónyuge —normalmente la esposa— que se dedica a las tareas del hogar y que, producida la separación o el divorcio, no ve que esa dedicación le sea compensada, con el paralelo y simultáneo acrecimiento económico patrimonial del otro cónyuge —normalmente el esposo—. El dato central es, pues, la dualidad enriquecimiento/empobrecimiento.

La jurisprudencia ha precisado que el empobrecimiento puede concurrir de una diversidad de maneras. Entre otras, por la pérdida de expectativas y el abandono de la actividad en beneficio propio a cambio de la dedicación en beneficio del otro. Se añaden la contribución del cónyuge perjudicado a la adquisición, conservación o mejora de cualquiera de los bienes comunes o privativos del otro cónyuge. Y que el perjudicado se haya dedicado con exclusividad o de forma principal a la realización de tareas para la familia, con la circunstancia inherente de que esa cualificada dedicación haya sido la causante de la desigualdad patrimonial.

Alguna reclamación ha sido desechada precisamente porque la esposa no había sufrido un empobrecimiento patrimonial sino todo lo contrario. Es el caso, sin más, de la sentencia de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca (sección cuarta) de 15 de junio de 2015. En el supuesto de hecho que esa sentencia contempló se demostró objetivamente que la esposa había experimentado un notable incremento patrimonial en comparación con la situación que tenía al contraer el matrimonio. En cuya adquisición patrimonial concurrían, además, las siguientes circunstancias: toda la adquisición se había producido constante el matrimonio y con la única aportación de los ingresos empresariales del esposo demandado. Por lo tanto, a pesar de la dedicación prestada por la esposa a la familia, no había lugar a compensarle por ello porque la compensación ya se había producido, insistimos, con el enriquecimiento que experimentó a lo largo de la convivencia conyugal.

La reclamación de filiación extramatrimonial

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Cuando alguien afirma que mantiene un vínculo de filiación con una persona determinada, puede ejercitar ante los tribunales una acción cuya finalidad será precisamente declarar esa alegada paternidad. Se tratará, por lo tanto, de dilucidar si el demandante es hijo biológico de aquel a quien le atribuye la condición de ser su padre. Y cabe precisar que no importará el tiempo que haya transcurrido desde el nacimiento, porque la acción es imprescriptible.

Ese tipo de reclamaciones tienen hondas repercusiones de diversa índole. En primer lugar y en cualquier caso, de carácter moral, en tanto que afectan a la dignidad de la persona y tienden a satisfacer el derecho fundamental a la igualdad, que se vincula aquí con el derecho a la declaración legal de filiación. Y, en segundo lugar, tendrá eventuales repercusiones de carácter económico/patrimonial, en tanto que una relación filial genera por sí misma derechos de la máxima transcendencia, como los alimenticios o hereditarios.

Como sucede en cualquier otro litigio, quien promueve una declaración de filiación ha de hallarse en condiciones de acreditarla. Pero esos procesos que tratamos albergan una peculiaridad, cual es que quien actúa ha de aportar con su demanda un principio de prueba que permita al tribunal entender que su reclamación tiene apariencia de ser razonable. Una apariencia, por tanto, de buen derecho. Con ello, con esa exigencia, se trataría de evitar de entrada las reclamaciones infundadas o abusivas susceptibles de provocar alguna desazón sin causa.

De cualquier forma, ese requisito —a saber, el principio de prueba— queda correctamente satisfecho con un mero relato de hechos a través del que se constate una línea discursiva coherente. Pero aún será más eficiente si el demandante tiene en su poder pruebas materiales —fotografías, cartas…— de las que pueda deducirse indiciariamente la realidad de la relación que quiere que se declare. No obstante, la carencia de esas pruebas, perfectamente posible, verbigracia, en aquellos casos en que la procreación haya devenido a consecuencia de una relación efímera, no ha de ser obstáculo, insistimos, para la admisión a trámite de la demanda si el demandante es capaz de articular un discurso veraz y creíble.

De cualquier forma, conviene tener presente que la admisión a trámite de la demanda no constituye nada más que un buen inicio. La prueba central que habrá de proponerse de forma indefectible para que se practique en el curso del proceso será la biológica. Con ella, con la prueba de determinación biológica de la paternidad, se alcanzará un índice prácticamente absoluto de certeza. Y aún cabe añadir que la negativa del demandado a someterse a la toma de muestras biológicas puede constituir por sí misma un poderoso elemento de convicción para que el tribunal declare la filiación reclamada.